lunes, 23 de mayo de 2011

LA FORMACION ECONOMICA Y SOCIAL DE JUJUY

Introducción

Estamos en vísperas del bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810. En la historia de la formación económica y social de la República Argentina  la Provincia de Jujuy se destacó por su rol protagónico en la Guerra de la Independencia posterior a la Revolución. En su territorio se libraron cerca de cien batallas y el esfuerzo que desplegaron sus habitantes en recursos humanos y económicos es sólo comparable con el que realizó el pueblo de Salta.

Sin embargo después de casi dos siglos de República es una de las provincias con mayor atraso económico y pobreza y es la provincia de mayor concentración latifundista de la propiedad de la tierra del país. Las causas mas profundas de esta situación hay que rastrearlas en la estructura económica, política y social que se fue conformando después de la Independencia. En el marco  del carácter dependiente de nuestro país definimos a nuestra provincia  como un territorio donde el capital imperialista de distintas potencias ejercen su opresión. Predominan las relaciones de producción capitalista que están trabadas y deformadas por la dominación imperialista y el mantenimiento del latifundio de origen precapitalista en el campo. La opresión imperialista y el latifundio terrateniente constituyen los pilares que sostienen a la estructura de atraso y dependencia que hoy caracteriza a la Provincia de Jujuy.

Adoptamos el punto de vista basado en el estudio de la historia a la luz de las relaciones sociales de producción predominantes y el grado de desarrollo de las fuerzas productivas en cada época y de  la lucha de clases que le corresponden. En ese marco abordamos su historia mas lejana y la que tenemos mas cerca. Hemos acumulado una experiencia valiosa en la lucha política y social de los últimos años y nos apoyamos en algunas  investigaciones que sobre la estructura económica y social han aportado diversos estudiosos del presente y el pasado jujeño.

Es intención de este trabajo dar una visión sintética de lo que consideramos son los hitos principales de este proceso y  teniendo como hilo conductor el tema del poder  del Estado en cada momento. Lo hacemos  con la intención de que este panorama ayude a comprender el origen y  las razones de los problemas sociales y económicos por los que atraviesa actualmente la inmensa mayoría del pueblo jujeño.

Al mismo tiempo estamos convencidos que la actual estructura económica de Jujuy impide el desarrollo  de las fuerzas productivas y de no mediar un cambio revolucionario los problemas  sociales signados por la desocupación, la pobreza y la indigencia se profundizaran a diario. Con ello se agrava la  contradicción entre la clase obrera y otros sectores populares con el bloque de las clases dominantes. En el marco de la dependencia y el atraso secular que caracteriza a nuestro país se crean las condiciones que llevaran inevitablemente a un nuevo desenlace político, que, esta vez,  no debe convertirse en una nueva frustración para la clase obrera y todos los sectores populares. Lo que viene será parte de la necesaria revolución democrático-popular que se gesta en la Argentina.
 
CAPITULO I

Sobre nuestros antepasados

La Provincia de Jujuy está ubicada en el extremo noroeste de la República Argentina y abarca una extensión territorial de 53.219 kilómetros cuadrados. Está poblada por aproximadamente  700.000 habitantes, de los cuales  la inmensa mayoría desciende de los pueblos originarios que se asentaron en la región hace varios miles de años.

El patrimonio cultural e histórico del pueblo jujeño se remonta a 12 mil años según los registros arqueológicos actuales.  En las cabeceras de las quebradas transversales de la quebrada de Humahuaca ya existían cazadores-recolectores que recorrían la zona. Fue aproximadamente hace 3 mil años cuando nuestros antepasados comenzaron el proceso de domesticación de vegetales y animales. Criaban llamas y alpacas para obtener carne y lana y les sirvió para el transporte de productos y el intercambio. En dos lugares, Inca Cueva 7 y Huachichocana se hallaron restos de algunos vegetales, como el maíz, calabaza, maní y ají. Durante milenios nuestros antepasados indígenas vivieron en el régimen de la comunidad primitiva sin clases sociales.

Nuestros antepasados aportaron a la humanidad productos que hoy forman parte del alimento básico de miles de millones de personas. Sus conocimientos técnicos sobre la ingeniería de la irrigación, el clima  y  los cultivos son hoy reconocidos con admiración. Sentimos orgullo por estos logros que la conquista y el coloniaje no pudieron destruir pero si negar durante un largo tiempo ante el mundo.

Dice la Introducción del Censo Nacional de Población  y Vivienda de 1980 ( INDEC 1981) : “Jujuy es en la Argentina una de las Provincias de mas antiguo asentamiento humano. Antes que los españoles fundaran San Salvador existían numerosas e importantes localidades indígenas cuya ubicación esta señalada por Amilcar  Razori (1). “Este autor las clasifica en poblados o núcleos indígenas permanentes ( Los Amarillos y La Huerta ), poblados agrícolas con viviendas urbanas y economía agraria ( El Altarcito y Coctaca ), pucaras o fuertes con fines exclusivamente militares ( Yacoraite y Perchel ) y pucaras poblados ( Campo Morado, Huichairas, La Cueva y Tilcara ). Algunos de esos agrupamientos excedían en su época de apogeo las 100.000 personas”. 

En el momento en que la conquista española piso el actual territorio de Jujuy  la mayoría de las nacionalidades indígenas habían sido dominadas y tributaban al imperio incaico . “En esa época la sociedad incaica desarrollaba, aceleradamente, el régimen esclavista”.(2)      

El momento político que vive particularmente América del Sur tiene a los descendientes de nuestros originarios como protagonistas principales en países como Bolivia y Ecuador y forman parte de la vanguardia  antiimperialista y liberadora.

Tras la imposición del régimen colonial y durante casi trescientos años la población indígena fue sometida a la mas cruel explotación y opresión feudal y al desprecio de su cultura. Los españoles sofocaron rebeliones indígenas desde el momento mismo de la fundación de las ciudades. Usaron la traición para capturar a Viltipoco el cacique que organizaba la resistencia y fueron implacables cuando ocurrió el levantamiento de Tupac Amaru, cuyos seguidores en estas tierras  también presentaron combate. La encomienda de  “indios y tierras” fue la modalidad feudal que impusieron en América los conquistadores. “por la encomienda se cedió en América a los conquistadores y vecinos distinguidos, los tributos indígenas que pertenecían al Rey en una región determinada, con el cargo de “cuidar del bien de los indios en lo espiritual y temporal” y habitar y defender las provincias donde fueren encomenderos” (2).  Es así como se repartieron las tierras y los indios de Jujuy y como fueron sometidos a la esclavitud y la servidumbre.

El resultado de tales  “cuidados” fue que tras dos siglos de conquista, de superexplotación y esclavitud,  en el Censo mandado a hacer por Carlos III  en 1778,  se registran 11.181 “naturales” en todo el territorio provincial, de los cuales  1.707 residen en San Salvador de Jujuy y 11.912 en la campaña. Cuando los españoles  llegaron la población  en la región del Tucumán según Jorge Comadrán Ruiz,  habían unos 233.000 originarios, de los cuales una gran parte  poblaban el actual territorio de Jujuy.

La Revolución de Mayo y su desenlace

La noticia de la Revolución de Mayo se conoció en Jujuy a los pocos días de producida. Al igual que en el resto de lo que era el territorio del Virreinato del Río de la Plata se abría un proceso signado por dos tareas fundamentales. Una era lograr la independencia respecto de España y la otra democratizar la sociedad, principalmente en lo referido al problema de la propiedad de la tierra. En 1816 después de muchas idas y venidas y tras arduas discusiones, en medio de la continuidad de la Guerra por la Independencia,  que se libraba particularmente en territorio jujeño y salteño, se declaro la independencia de España y  “de todo tipo de dominación extranjera”. En medio de la guerra, que duró hasta 1825,  y una vez finalizada esta, no se avanzó nunca en la tarea democrática agraria. Las causas tuvieron que ver con el predominio en el poder político de la clase terrateniente que se había apropiado de tierras e indios desde el momento de la conquista española. Los antecedentes eran los siguientes:

      “Dueños” antes de pisar la tierra

Tan importante como la fundación   de San Salvador de Jujuy, en 1593, fueron las dos primeras fundaciones. En 1561 se funda Ciudad de Nieva  y en 1575 San Francisco de Alaba. Es mas, sin los antecedentes de estos dos intentos la propia fundación de San Salvador  no hubiera estado signada por el pleito entre la familia de los Zarate y la familia Argañarás por los títulos de las encomiendas de los indigenas, la posesión de sus tierras y el cargo de Teniente de Gobernador. Las encomiendas de tierras e indios muchos años antes de las tres fundaciones ya tenían “dueños”. En 1540 Pizarro donó la gran encomienda de Humahuaca, Casabindo y Cochinota, a Martín Monje, que había acompañado al Almirante Colon en su último viaje. El mismo Pizarro, en 1555, cede a Juan de Villanueva esa misma encomienda, lo que origina que Monje le haga juicio a Villanueva en 1558 y se lo gana parcialmente. Es decir que antes que los españoles lograran asentarse en el territorio jujeño este ya tenía dueños y era motivo de pleitos.

Castañeda funda Nieva. Pedro Ortiz de Zarate es cofundador y designado Teniente de Gobernador. Nieva es destruida por los nativos que “morían con estoicismo a centenares, pero se renovaban sin cesar”. En 1575 Pedro Ortiz de Zarate acomete por segunda vez el intento, pero en esta ocasión es el fundador y también Teniente de Gobernador.

La esposa de Zarate, Petronila de Castro, viuda de Villanueva, en 1587 pide amparo a la Audiencia Real de sus derechos sobre los repartimientos de indios de Sococha, Mojo y 30 leguas hacia el sur, que incluía la encomienda de los Omaguacas y Ocloyas. Por esta razón, cuando en 1593, el Capitán Francisco de Argañaras y Murguía funda San Salvador y es nombrado Teniente de Gobernador, la familia de los Zarate envía al hijo de Pedro, llamado Juan, a que reclame los derechos sobre los “feudos” de Humahuaca y  solicita al Gobernador de Tucumán que se lo designe Teniente de Gobernador, pero este no accede. Ante ello Juan Ortiz de Zarate vuelve a Charcas y logra un dictamen favorable para que le sea entregado el gobierno de San Salvador. El Capitán Argañaras apela ante el Virrey de Lima y este manda a la Audiencia de Charcas a suspender sus actuaciones . La Audiencia, sabiendo que Argañaras estaba en Lima dice que si este se encontraba en el gobierno que se lo dejara y si no que le sea entregado a Juan Ortiz de Zarate, quien lo toma en 1598.

El acuerdo entre las familias llega en el año 1600, cuando el Cabildo de San Salvador elige a Argañarás como Alcalde de primer voto y a Juan Ocho de Zarate Alcalde de segundo voto. En 1644 los Argañaras se emparentan con los Zarate, al casarse Pedro Ortiz de Zarate con  Petronila de Ibarra, ambos nietos  de los fundadores. Los Argañaras tenían la encomienda de Tilcara y los Zarate haciendas en Sococha, Mojo, Tupiza y Yavi.

Esta es la historia de la apropiación de la tierra en los orígenes  de la conquista española de Jujuy y  de la despocesión  que de ella sufrieron los pueblos originarios que poblaban el territorio desde hacia miles de años.

La sociedad y la política de Jujuy se estructuraron sobre esta base. Propietarios españoles y no propietarios aborígenes. Como es sabido por las Leyes de Indias  nadie que no fuera español podía aspirar al otorgamiento de encomiendas, mercedes o simples solares de tierras.  La opresión  y la explotación de los aborígenes fueron usos y costumbres “naturales” que impusieron los españoles. La Corona española conocía la voracidad insaciable de los conquistadores. En un primer momento “los indios era apetecidos porque lucían mucho oro y plata” y luego como mano de obra para el trabajo agrario. En 1612 el Rey mando al Visitador Alfaro “quien vio lo que querían  viera los encomenderos y lo que no querían que viera”. Tras esta visita la situación no cambio mucho, a tal punto que en 1682 el Cura Párroco de San Salvador, Pedro Ortiz de Zarate ( que se había ordenado sacerdote al morir tempranamente su esposa Petronilia), “explica los levantamientos aborígenes y aminora sus culpas”.

Los conquistadores edificaron una sociedad estratificada e implantaron un feroz racismo. Los indios eran legalmente inferiores. En 1537, luego de largos debates, el Papa Pablo II, proclamo con una Bula que los indios eran “hombres verdaderos”, que tenían alma.  Se los considero, salvo algunas diferencias con  caciques y curacas, como un menor, pero como un menor apto para ser sometido a una feroz explotación. No podían ser sacerdotes ni monjes; ni maestros en los gremios artesanos. Para quienes confunden las leyes dictadas a “favor de los nativos” durante la Colonia por la Corona de España con la realidad que vivieron los originarios recordamos a un autor peruano que dijo respecto de las Leyes de Indias : “un verdadero monumento erigido a la dignidad formal del indio abstracto, pero también el mas cínico agravio a la dignidad real del indio concreto, de carne y hueso, muerto de hambre e injusticia en el socavón de la mina o en la estancia del terrateniente”.(3)

El levantamiento de Tupac Amaru, en 1780, conmovió hasta los cimientos a la sociedad colonial y alumbro las esperanzas de los indígenas sometidos por los españoles. Tras la derrota  militar  del Cacique de Tungasuca el gobierno español lo asesino junto a su esposa Micaela Bastidas y a algunos de sus hijos con una crueldad propia de quienes vieron peligrar su poder en América. Tras el suplicio de Tupac Amaru  el revanchismo español hizo mas penosa la situación de las masas indigenas.

A Jujuy  llegaron los vientos del levantamiento de Tupac Amaru  a los pocos días de su inicio. Fueron los originarios de la zona de Ledesma los primeros en adherir a la rebelión. Tomaron  la Reducción de San Ignacio y a los pocos días la represión de la fuerza militar realista ejecutó a 17  rebeldes.  Señala  Miguel Angel Vergara que en marzo de 1781  se levantaron en armas centenares de originarios tobas y mestizos que marcharon para tomar San Salvador de Jujuy.  El entonces gobernador de Jujuy, Coronel Gregorio de Zegada con fuerzas de Jujuy y Salta se anticipó y ataco el campamento rebelde que estaba en la localidad de Carahunco, a unos veinte kilómetros de la ciudad. El ejercito realista tomo 60 prisioneros. En abril de 1781 ejecutaron a 14 de los sublevados. Señala  Joaquín Carrillo que el Gobernador Andrés Mestre sentenció a  muerte a “los convocadores” de la sublevación, a los que llama “jente ordinaria” . Primero fusilaron por la espalda a Lorenzo Serrano, Juan de Dios Maldonado, Francisco Ranjel, Melchor Ardiles, Diego Abalos, Mariano Galarza, Francisco Ríos, Juan Almazán, Andrés López y Juan Ascencio Mendoza. Tras la ejecución se les corto la cabeza y se las exhibió en distintos “cantones” del territorio. De una lista de veintiún rebeldes prisioneros, por “conmiseración”, se eligió para fusilar a cuatro mas y a los demas “se les pondrá una señal en el carrillo, que deberá ser de una R que indica rebelde o rebelado; la que se hará a fuego para que le sirva de memoria su delito  i para otros se conozca su traición”.  Lograron huir los principales dirigentes, José Quiroga, Suarez y Erazo.  En premio a la tarea cumplida por sus gobernantes para ahogar en sangre la rebelión  de los seguidores de Tupac Amaru la ciudad de San Salvador de Jujuy fue “condecorada” por el Rey con el título de “Mui Leal i Constante”.  Los nombres de estos mártires de la independencia nunca figuraron en los registros de calles o lugares públicos de Jujuy  cuando dejamos de ser Colonia. (4). En plena época “Republicana” en el Acta Manifiesto de los Revolucionarios de 1849 se  comienza diciendo “ En la muí Noble Leal i Constante ciudad de San Salvador de Jujuy”, graficándose de manera clara  que ciertos “usos y costumbres” fundamentales de la Colonia, a los que hace referencia Guillermo Madrazo, no habían sido cuestionados por las clases dominantes de Jujuy y mucho menos se había cultivado el respeto por los mártires de la lucha anticolonial.                  

La gran oportunidad

La gran oportunidad  para terminar con las modalidades  del régimen feudal impuesto por los españoles sobrevino con la Revolución de Mayo de 1810. Los grandes objetivos proclamados por hombres como Moreno, Belgrano y Castelli eran romper las cadenas que nos ataban a la Corona de España y  democratiza la sociedad, principalmente en lo referido a la propiedad sobre la tierra. En 1816 se cumplió formalmente el primer objetivo. La segunda tarea ha quedado inconclusa  desde entonces.

Con la Revolución de Mayo de 1810 las masas indígenas y criollos pobres vislumbraron la posibilidad de terminar con la dominación feudal de quienes los habían oprimido y explotado durante tantos años. Si bien “los ejércitos patrios se organizaban haciendo levas” (3) ( Otto Vargas. PyT Nº 64 ), son numerosas las crónicas y partes de guerra que destacan el heroísmo de los soldados indígenas y criollos  dando la vida en el campo de batalla.  Vale como ejemplo el relato del soldado Francisco Turpin, quien en una carta que envía al General Belgrano el 4 de agosto de 1812 le relata las acciones contra los realistas, destacando el heroísmo de las mujeres en la lucha.  El General Belgrano informa a la superioridad sobre el relato de Turpin y exclama “¡ Gloria a las cochabambinas que se han demostrado con entusiasmo tan digno de que pase a la memoria de las generaciones venideras”!. (5). El mismo General Belgrano había dicho de la guerrilla gaucha: “yo abandono mi Anacarsis, ¡Que Griegos!. Yo he visto a los gauchos realizar acciones que los superan” (4).  

El  “Ejercito Auxiliador” al Alto Perú pasó por Jujuy  y  algunos de sus jefes políticos y militares reivindicaban el derecho de los nativos  sobre la tierra y hablaban del despojo al que habían sometido por los españoles, como era el caso de Castelli y Belgrano.

Enorme fue la desilusión al terminar la Guerra de la Independencia . Los que volvieron del campo de batalla y  sus familias comprobaban que las clases dominantes que antes de la Revolución era realistas continuaban siendo clase dominante con la Republica y seguían siendo dueños de la tierra. Una de las grandes tareas que tendría que haber resuelto la Revolución de Mayo quedó en el camino, cual era que “todos los naturales (…) son libres; gozaran de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode…”, como había proclamado el General Manuel Belgrano en el artículo 1º de su Reglamento  de Misiones de diciembre de 1810 (6). Esto se debió a que la Revolución fue dirigida y hegemonizada por un sector de terratenientes y comerciantes sólo interesados en resolver la cuestión colonial.

El mas claro ejemplo del predominio de estas clases en el caso de Jujuy es que el cuarto Marquez de Yavi, Juan José Campero, que era  el mas grande terrateniente y encomendero de la Puna, se enrolo como oficial del Ejercito patriota con el grado de Coronel, lo mismo que su hermano Francisco. A los ojos de los combatientes indígenas el hecho arrojaba luz sobre quienes dirigían la Revolución y porque no se tomaban medidas efectivas para terminar con la servidumbre y para entregarles la tierra.

Dice Eugenio Gaztiazoro (7) los  “ patriotas conformaban corrientes diversas aunque no del todo definidas. Estas corrientes  y los personajes mas representativos de ellas, expresaban directa o indirectamente distintos sectores sociales o diferentes propuestas que eran mas o menos afines a los distintos sectores de clase partidarios de la independencia. Tras el elemento común de la lucha por la independencia de España existió un complejo frente político, donde se incluían desde republicanos hasta monárquicos y desde partidarios de la independencia total hasta proingleses y profranceses.

            En este complejo frente político no faltaron los hombres como el sacerdote y abogado Felipe Antonio de Iriarte que en su “discurso patriótico” en 1817 decía: “¿Qué son los indios?, a que estado de vida ha reducido la inhumanidad estas victimas, dueñas del país donde son sacrificados…Me dirijo a vosotros enemigos aturdidos de la causa. Idoltaras de una fidelidad quimerica; vilmente avenidos con los hierros de la esclavitud. Somos injustos en resistirla?. Oíd los gritos penetrantes de la naturaleza…No haí derecho superior al de vuestra libertad, felicidad i seguridad. En todo tiempo podeís resistir la fuerza, i aspirar a un Gobierno que no usurpe las prerrogativas de vuestro ser. Nuestro país no ha sido otra cosa que el triste lugar donde se ha  ejecutado las violencias mas decididas contra la dignidad del hombre… el gobierno tirano oprimió a los indefensos Indios. Condenándolos a vivir en las mas áridas campañas, sin educación, sin sociedad, sin trato, i aún sin libertad, solo se acordó de ellos para estrecharlos a la contribución i obligarlos al servicio, i que servicio ¡” (4). Belgrano impresionado y de acuerdo con el discurso de Iriarte mando a que se editara y difundiera. De Felipe Antonio Iriarte digamos, además, que se trataba de quién en 1799 había hecho posible, con ayuda económica, que el joven Mariano Moreno pudiera trasladarse desde Buenos Aires para estudiar en Chuquisaca. (8) 

            Este tipo de posiciones sobre los indígenas inspiraba a patriotas como Vicente  López y Planes quien escribió los versos de nuestro Himno Nacional, en 1812. En una de sus estrofas se dice:

“Se conmueve del Inca las tumbas
Y en sus huesos revive el ardor
Lo que ve renovando a sus hijos
De la Patria el antiguo esplendor”

Los desnaturalizados

El ejercito realista ante cada avance sobre el territorio jujeño encontraba “gente principal” vacilante y colaboracionistas. Se trataba de miembros de familias de terratenientes o comerciantes  que ante las dificultades del Ejercito patriota estaban prestos a formar gobierno realistas. El General Belgrano conocedor de esta realidad  en el famoso bando previo al glorioso Exodo Jujeño se refirió a los “desnauralizados que viven entre nosotros” y  los amenaza con fusilarlos. En la noche del 23 de Agosto de 1812 después que la mayoría del pueblo jujeño se retiro siguiendo a Belgrano los realistas contaron con “vecinos” dispuestos a formar un Cabildo realista.  A ese Cabildo lo integran los “desnaturalizados”  Martin Otero, Alejandro Torres, Miguel de la Barcena, Antonio Rodrigo, Joaquin de Echeverria, Andres Ramos, Gabril del Portal, Francisco Calderon, Jose Diego Ramos, Rafael Eguren, Ignacio Noble Carrillo, Saturnino de Eguia, Ventura Marquiegui, Tomas Gamez, Mariano de Gordaliza. A este ultimo Juan Jose Castelli en su paso por Jujuy en octubre de 1810 había designado como Teniente de Gobernador de Jujuy.  En honor a la verdad  hay que decir que las familias “principales” se dividieron y  la mayoría,  que llegaron a Tucumán con Belgrano, eligieron en esta ciudad al diputado que representaría a Jujuy en la Asamblea General Constituyente de 1813. Entre ellos estaban Teodoro Sanchez de Bustamante, Jose Manuel de Alvarado, Lorenzo del Portal, Manuel Fernado mde la Corte, Jose Mariano del Portal, Juan Ignacio del Portal, Jose Ramón del Portal y Manuel Josef de la Corte  La historia oficial, desde Mitre hasta Joaquín Carrillo, han ocultado la aguda lucha que se dio en el seno de la “gente principal” a favor o en contra de la Revolución, que en concreto era a favor o en contra de Belgrano  (9).

Concluida la Guerra de la Independencia los indígenas volvieron a trabajar como peones, arrenderos o pastajeros. “Los ex mitayos después de 1825 se convirtieron en arrenderos en situación de servidumbre: ellos y sus hijos y sus nietos debían ofrecer mano de obra gratuita y pagar alquiler por la tierra”. (10)

En 1825 el Gobernador de Salta ( y Jujuy ) Antonio Alvarez de Arenales, héroe guerrillero de la Guerra de la Independencia, en su mensaje a la Legislatura decía que habían triunfado “las luces” y las “ideas republicanas” , pero, como señala Guillermo Madrazo  “no hay que engañarse : las viejas estructuras eran resistentes al cambio y habrían de sobrevivir tras una serie de adaptaciones”. (10)

“Los criollos  y mestizos de clase alta siguieron autodenominándose “blancos decentes”  hasta fines del siglo XIX, por contraste con los indios” (10). Muchas de estas “pautas culturales” y “usos y costumbres” continúan vigentes hasta el presente. Basta rascar un poco en las actitudes antibolivianas de algunos sectores de la población para confirmar la predica anti indígena.

El desenlace que tuvo la cuestión agraria al finalizar la Guerra de la Independencia explica el origen de la frustración nacional y en particular la gran frustración de quienes hicieron el sacrificio principal de la Revolución de mayo en los campos de batalla.

La Batalla de Quera

La  Guerra de la Independencia para esta parte de la Argentina terminó recién en 1825, tras la ejecución del realista Olañeta en la batalla de Tumusla, (abril de 1825). Tras la pacificación para los indígenas los tributos que se pagaban  a la Corona de España pasaron a pagarse a quienes detentaban la propiedad de la tierra y seguían siendo sometidos a cumplir “obligaciones personales”, modalidad típicamente feudal que continuaba bajo la República. El 12 de Julio de 1836 el gobierno provincial prohibió las “obligaciones personales”. En 1850 se suprime el diezmo a la producción de lana y en 1851 se suprime la carga del tributo personal. Pero en 1853, dice Esteban Cardozo, (11) “se derogan estas disposiciones, generando renovadas protestas y resistencias a su cumplimiento por parte de los afectados indígenas”. Ocurría, agrega Cardozo, que “cuando no cobraba los terratenientes, lo hacia el Gobierno enmarcados en los nombres de rentas y cargas fiscales”. Hubo levantamientos en 1857, 1862 y 1864 contra los impuestos arbitrarios. En 1870 hubo una sublevación indígena exigiendo a los terratenientes que les devolvieran lo que habían pagado de arriendo , “siendo su principal tendencia la de nombrar un Cacique Gobernador y no obedecen otra autoridad, habiendo hecho para el efecto trabajo muy anticipado”, según informaba el Juez de Paz de Cochinoca al Gobernador. Como se ve la lucha reivindicativa de los originarios pasaba al plano político y se proponían imponer un gobierno propio.               

El pico mas elevado de la lucha de los originarios por la tierra sucede en los años 1873 y 1874 y cuyo desenlace ocurre con la Batalla de Quera,  a comienzos de enero de 1875. Un hecho importante da impulso a la lucha de los originarios. En 1872 el Gobernador Pedro Portal, mediante decreto declara que las tierras de la Puna son fiscales e inicia juicio al terrateniente Campero porque no aceptaba devolver las tierras de Cochinoca y Casabindo. En junio de 1873 los arrenderos indígenas toman el pueblo de Yavi y obligan  a sus propietarios a buscar refugio en Bolivia.

El proceso que lleva a la guerra puneña tiene ligazón con el derrocamiento del Gobernador Teofilo Sanchez de Bustamante, en febrero de 1874, que en materia de política de tierras para Puna y Quebrada era partidario del Decreto de Pedro Portal. Tras la noticia de la caída de Sanchez de Bustamante, en marzo de 1874 los indígenas vuelven a tomar Yavi y en el enfrentamiento mueren algunos parientes  del Receptor de Rentas y Comandante Militar.  

En abril de 1874 asume el gobierno José Maria Alvarez Prado “y con el se consolidaba la situación firme de los terratenientes. Los Alvarez  Prado eran también grandes terratenientes surgidos del reparto enfitéutico de las tierras que habian sido de comunidad en la quebrada de Humahuaca” (11). En julio decreta anular todas las disposiciones de Portal y Sanchez de Bustamante. Los indígenas se preparan para resistir la medida. Unos 800 puneños se preparan para enfrentar al Gobernador y Comandante de la Guardia Nacional movilizada. En un  primer encontronazo, el 3 de diciembre de 1874, ganan los puneños. Alvarez Prado se retira a Humahuaca y desde allí pide refuerzos al gobierno nacional  y este ordena que el gobierno de Salta mande tropas. Alvarez Prado reúne 1.100 efectivos. El “Ejercito Oficialista” contaba con 1.170 armas de fuego, los puneños con 200. El 4 de enero de 1875 se libro la Batalla de Quera, donde los indígenas fueron derrotados. En el campo de batalla quedaron muertos 240 combatientes indígenas y 273 heridos. Alvarez Prado dio la orden de exterminar a todos los comandantes y soldados del ejercito indígena.

En las cuatro esquinas de la plaza de Yavi, dice Leopoldo Aban,  “fue fusilado un insurrecto” (12). En todo el período 1825-1875, la lucha fue permanente, en muchas ocasiones las masas indígenas “fueron instrumento de pujas secundarias, sin una dirección que las unificara y las orientara para resolver la contradicción principal en un sentido favorable a sus intereses y los de la Nación” (7). En la guerra permanente entre unitarios y federales los protagonistas pertenecían a  las familias que componían las clases dominantes  y que  disputaban el control del Estado provincial.    

Ya avanzado el siglo XX se mantenían relaciones de producción típicamente feudales en algunas actividades rurales. En recibos de pago de “pastaje” de 1911, que tenemos en nuestras manos, se escribía : “Ha pagado dos meses por sus arriendos, uno por obligación y otro por sembrado”, documentando así, de una manera contundente, la realidad de las relaciones sociales de producción. Según las normas legales dictadas en 1810, 1813 y 1832 en todo el país y en Jujuy se habían prohibido los tributos y “servicios personales” que imponían los terratenientes a los indígenas y criollos pobres. Estos documentos, que conservan muchas familias de campesinos de Jujuy, ilustran el absurdo de las teorías  “académicas” que formulan, con gran difusión,  que aquí había “capitalismo desde el inicio de la Colonia”.

Silvia Fleitas (13), en un reciente trabajo, da cuenta que en 1923 los arrenderos de El Aguilar resistieron el embargo de sus bienes tras un juicio que le iniciaron al propietario cuestionando sus títulos. En “un choque sangriento…resultaron una mujer y un poblador muertos”. También  registra Silvia Fleitas que en enero de 1924, en medio de la campaña electoral es apresado Francisco Quipildor, lider puneño. Inmediatamente sobreviene un levantamiento “donde mas de 300 personas asaltan y toman la comisaría del lugar, algunos armados con Winchester, otros con hondas y piedras”.,La prensa de Jujuy dice que los “revoltosos” gritaban ¡Viva Tanco!, ¡Viva Irigoyen! Y también ¡Abajo los latifundistas!.
     
      El radicalismo yrigoyenista
 
Fue precisamente Miguel Tanco el dirigente radical yrigoyenista mas popular entre los indígenas de puna y quebrada quien llevó adelante un programa avanzado de lucha contra los terratenientes. Miguel Tanco se había retirado de la Marina con el grado de teniente de fragata. Señala Adriana Kingard ( 14) que vino a Jujuy por decisión  de Hipólito Yrigoyen a comienzo de la década de 1920 . Fue jefe de policía y Ministro de Gobierno de Mateo Córdoba, radical yrigoyenista. En 1928 Tanco denunciaba a través del Diario “Critica” de Buenos Aires:  “subsisten en esta desdichada provincia los “resabios del coloniaje, aún se exige a los arrendatarios las “obligaciones personales” y “comendimientos” de aquella época, imponiendo a los campesinos una verdadera servidumbre al hacerles trabajar gratuitamente para los propietarios de latifundios, muchos días al año”. La prensa conservadora atacaba a Tanco por “comunista”. Ya en 1921 el diario “El Día” “informa sobre un ´conato de revolución en Jujuy´, aludiendo a un movimiento comunista planeado por elementos `ácratas´ combinados de Salta y Jujuy, que involucra a militares de los regimientos destacados en estas provincias y funcionarios públicos” (13).

En 1930 Miguel Tanco fue elegido Gobernador. Estuvo nueve meses en el gobierno y fue depuesto tras el golpe de Estado de Uriburu. Dicto cinco leyes que son el antecedente de lo que luego vendría a concretarse cuando, en 1946,  desde el yrigoyenismo confluye para fundar el partido peronista. Por  las leyes 887 y 908 regula y pone límites a los conchabadotes, o contratistas,  de peones de los ingenios. La Ley 880 dispone la compra o expropiación de los latifundios en toda la provincia a fin de ser cedidos en arriendo a sus pobladores. La Ley 878 que ordena la construcción de viviendas para empleados y obreros. Por Ley 893 crea el Departamento Provincial de Trabajo y Estadísticas. También prohíbe por Decreto los servicios personales que los propietarios imponían a los peones y arrendatarios.(13). En 1947, por su iniciativa, el gobierno de la provincia dispone $ 500.000 m/n para iniciar los trámites de expropiación de los latifundios de la puna, anticipándose dos años al decreto de Peron(14). 

            Como bien señala Maria Silvia Fleitas el radicalismo yrigoyenista “no cuestiona la matriz fundamental de la dominación social”,  basada en el poder del Estado que detentaban los propietarios de los ingenios y de las minas. El merito es haber enfrentado desde concepciones democráticas y reformistas el poder total que en ese momento ejercían los latifundistas y el capital imperialista en Jujuy.   

En 1946 se hizo el “Malón de la Paz”. Un grupo de indígenas marcho hasta Buenos Aires reclamando por sus tierras. Recién en 1949 el gobierno de Perón decreta la expropiación de seis Departamentos de Puna y Quebrada, que pasan a ser propiedad de la Nación, pero sin entregársela a los indígenas.

En 1959 el gobierno de Arturo Frondizi transfiere a la Provincia de Jujuy, a titulo gratuito, los latifundios de Puna y Quebrada. Se inicia un proceso lento de escrituración de algunas parcelas y la lucha de los originarios continua hasta el día de hoy, ya sea para obtener títulos individuales o comunitarios. 

Bibliografía:

1.         Amilcar Razori, Historia de la Ciudad Argentina, Imprenta López, Buenos Aires, 1945. Tomo I.
2.         Otto Vargas, Sobre el modo de producción dominante en el Virreinato del Río de la Plata . Editorial Ágora. Buenos Aires, 1983.
3.         Mario Villaran, Etnocidio Colonial en el Perú, Revista Universitaria Realidad nº 1. Lima ,1972.
4.         Joaquín Carrillo, Jujuy Provincia Federal. Apuntes de su Historia Civil. Ediciones de la UNJu. Jujuy, 1989.
5.         Berta Wexler, Juana Azurduy y las mujeres en  la Revolución Altiperuana. La Heroínas Altoperuanas como expresión de un colectivo. 1809-1825. Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Rosario. Villa Constitución, Cuarta Edición, 2008.
6.         Política y Teoría, nº 54. Buenos Aires, 2004.
7.         Eugenio Gastiazoro, Historia Argentina. Introducción al análisis económico/social. Tomo I. Editorial Ágora. Buenos Aires, 1986.
8.         Daniel Balmaceda, Romances turbulentos de la historia argentina. Grupo Editorial Norma. Buenos Aires, 2007.
9.         Vicente Cicarelli, No fue un solo éxodo ni se marcharon todos. Suplemento especial de Pregón. Jujuy.  Agosto,  2001.
10.       Guillermo Madrazo,  Hacienda y Encomienda en los Andes. Ediciones de la UNJu. Jujuy, 1990.
11.       Esteban Cardozo, Historia Jujeña. Batalla de Quera. Edición del autor. Jujuy, 2000.
12.       Leopoldo Aban, La Ley Emancipadora. Edición del autor. Jujuy, 1974.
13.       Silvia Fleitas, Cuestión Social y Políticas Sociales. Concepciones e intervenciones del yrigoyenismo jujeño en la década de 1920. IX Jornadas Regionales de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales. Jujuy. Mayo, 2008.
14.       Adriana Kingard, Alianzas y enfrentamientos en Los orígenes del peronismo jujeño. Unidad de Investigación en Historia Regional. Edición de la UNJu. Jujuy, 2001.

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