sábado, 14 de mayo de 2011

Relaciones de producción
Las relaciones de producción están formadas por los vínculos y relaciones determinados que los hombres contraen en el proceso de producción de los bienes materiales.
En la producción, los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan, además, los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres contraen determinados vínculos y relaciones y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como actúan sobre la naturaleza y como se efectúa la producción.
Las relaciones de producción comprenden: a) las formas de propiedad de los medios de producción; b) la situación de los diversos grupos sociales dentro de la población y las relaciones entre ellos, que se establecen con el objeto de la producción en el propio curso del trabajo, conformando una determinada cooperación y división del trabajo; c) las formas de distribución de los productos, que dependen de la propiedad de los medios de producción y de la posición que los hombres ocupan dentro de la producción.
La característica particular de las relaciones de producción reside en que tales relaciones se establecen en el proceso de trabajo, es decir, en el proceso de la acción del hombre sobre la naturaleza y de la autoformación del hombre en el curso de esta actividad, o sea en el proceso de su intercambio de materias con la naturaleza. Las relaciones de producción son sencillamente el resultado del hecho de que, en el proceso de la producción, existen la cooperación y la división del trabajo entre los hombres. De ello se desprende que las relaciones de producción dependen de la relación entre el hombre y las cosas que aparece en el proceso de las producción; esto es , dependen de la forma en que el hombre influye sobre la naturaleza y la transforma, a la vez que se modela a sí mismo en el curso de la acción. O sea que dependen en definitiva del grado de desarrollo de las fuerzas productivas sociales.
La regularidad fundamental que la economía política encuentra, al estudiar las leyes sociales que rigen la actividad económica de los hombres, es la dependencia de las relaciones de producción con respecto a las fuerzas productivas sociales. En efecto, un desarrollo determinado de las fuerzas productivas exige un modo definido de cooperación y de división del trabajo en el proceso de producción. El modo de cooperación y de división del trabajo en una gran fábrica, donde se empleen grandes máquinas e instalaciones especializadas, tiene que ser necesariamente distinto al de un taller manufacturero donde el trabajo se efectúa con ayuda de herramientas sencillas. También tiene que ser diferente el modo de división del trabajo y de cooperación en una gran explotación agrícola que emplee tractores, máquinas cosechadoras y abonos químicos, que aplique los métodos de la técnica agrícola moderna y que se beneficie con la electrificación de diversas actividades, al de las pequeñas explotaciones agrícolas familiares, atrasadas, donde se trabaje la tierra según los viejos métodos tradicionales.
Pero las relaciones de producción no se limitan a las diversas unidades productivas (fábricas, empresas agrícolas, líneas de ferrocarril, etc.) en cuyo marco se desarrolla sólo una pequeña parte del proceso económico global. El proceso social, que consiste para los hombres en trabajar los unos para los otros, se extiende igualmente a las relaciones entre los hombres que trabajan en diversas unidades productivas y, globalmente, entre el conjunto de los hombres que integran una sociedad, en su carácter de agentes de la producción. Estas relaciones sociales son relaciones entre hombres que tienen una función bien determinada en la producción de bienes, están en la base de toda división social del trabajo y dependen fundamentalmente de la posición que los hombres ocupen respecto de la posesión de los medios de producción (véase Propiedad).
Por eso decimos que uno de los tres aspectos fundamentales que abarcan las relaciones sociales de producción es el sistema de relaciones de propiedad, del cual se deriva la posición de los diversos grupos sociales dentro de la producción y las relaciones entre ellos, de las que surge una determinada división social del trabajo. A su vez, de éstas relaciones sociales de producción surgen determinadas relaciones de distribución, que como tales constituyen también un aspecto fundamental de las mismas (véase Distribución).
Mientras que las relaciones de producción se modelan en función del nivel histórico de las fuerzas productivas, es decir, en función de la forma en que se modela la relación activa del hombre con respecto a la naturaleza, las relaciones de distribución dependen, a su vez, de las relaciones de producción; la manera en que se opera la distribución de los productos en la sociedad está determinada por la forma en que los hombres participan en el proceso social de la producción. A su vez, las relaciones de propiedad constituyen el principio de organización fundamental que decide el carácter general de las relaciones de producción, así como el que corresponde a las relaciones de distribución.
Las relaciones de producción son, pues, la base del conjunto de las relaciones económicas. La actitud activa del hombre respecto a la naturaleza en el proceso social de la producción determina las relaciones de producción, mientras que éstas, a su vez, definen las relaciones de distribución. En esto reside la clave que permite comprender las leyes que rigen el proceso social de la actividad económica de los hombres (véase Estructura).
Modos de producción
Las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción ligadas a ellas, que se basan en un determinado tipo de propiedad de los medios de producción, constituyen en su conjunto lo que denominamos el modo de producción. Partiendo de las investigaciones sobre el desarrollo de la sociedad humana, se pueden distinguir cinco modos fundamentales de producción, que, en términos generales (pero siempre con sus propias particularidades), coinciden con determinados periodos de la historia humana.
El primero es la comunidad primitiva, en la que la mayor parte de los medios de producción, y especialmente la tierra, son propiedad común. Aquí el desarrollo de las fuerzas productivas era muy bajo, siendo muy reducida la división del trabajo y distribuyéndose el producto en forma igualitaria.
A la división del trabajo dentro de la familia siguió luego la primera gran división social del trabajo, al separarse la agricultura de la ganadería. Esto permitió un gran incremento en la producción que, acompañado de una expansión del intercambio, llevó a la segunda gran división del trabajo: los oficios se desglosaron de la agricultura. El nuevo incremento en el desarrollo de las fuerzas productivas que ella posibilitó originó, a la vez, la posibilidad del surgimiento de nuevas relaciones de producción que dieron origen al esclavismo.
El rasgo principal del esclavismo es el dominio de la propiedad privada o del estado esclavista tanto sobre los medios de producción como sobre los propios trabajadores, es decir, sobre los esclavos. Estos eran considerados como objetos y su dueño, el particular o el monarca, podían disponer de ellos íntegramente y sin limitaciones. Tanto la hacienda del esclavista como las grandes obras del mundo antiguo se basaban en el trabajo forzado de los esclavos.
El mayor desarrollo de las fuerzas productivas que posibilitó este sistema, en relación a la comunidad primitiva, originó un mayor desarrollo del intercambio produciéndose así la tercera gran división social del trabajo: la segregación de la clase de los mercaderes. Tanto éstos y los artesanos, así como la aristocracia esclavista, se fueron concentrando más y más en las ciudades. La ciudad fue separándose cada vez más del campo, y el trabajo intelectual, del físico.
Pronto el régimen esclavista comenzó a presentarse como muy estrecho para el posterior desarrollo de las fuerzas productivas, y enancado sobre las cada vez más frecuentes y multitudinarias insurrecciones de esclavos, fue abriéndose paso el feudalismo. Bajo este régimen el trabajador adquiere el carácter de siervo o vasallo de los propietarios particulares de la tierra o del Estado feudal, quedando adscripto a la tierra por la fuerza de la ley o de la costumbre. El campesino poseía pequeños medios de producción y el disfrute de la parcela de tierra que recibía, por lo que estaba en cierta manera interesado en los resultados del trabajo, lo que constituyó la ventaja principal del modo de producción feudal respecto del esclavista. Como contrapartida el campesino debía realizar trabajos en la hacienda del señor o entregar al mismo una parte de su producto, bajo la forma de renta o tributo según el caso. Paralelamente se desarrollaban en las ciudades las artesanías, con la organización de los gremios de oficios y su estratificación en distintos estamentos.
Posteriormente, al progresar las ciudades, los oficios y el comercio, las haciendas feudales se fueron incorporando cada vez más a la circulación mercantil. Los señores feudales fueron pasando al sistema de renta en dinero, según la cual los campesinos tenían que pagar en concepto de censo cierta suma en metálico por el disfrute de la tierra. La renta en dinero daba lugar a un interés más elevado del campesino por los resultados de su trabajo que en la renta en especie. Al mismo tiempo brindaba grandes posibilidades para la aparición de la desigualdad patrimonial entre los propios campesinos. Todo esto a su vez repercutió en un mayor desarrollo de la producción mercantil, es decir, la producción de artículos destinados al cambio, apareciendo nuevas ramas de la economía, perfeccionándose en las ciudades los métodos de elaboración de las materias primas y acentuándose la especialización de la artesanía. Entre los productores de mercancía se libraba una enconada competencia, la que abría un proceso de diferenciación en ricos y pobres tanto en la ciudad como en el campo. Al ampliarse el mercado, los productores de mercancías en gran escala comenzaron a recurrir con más frecuencia a la contratación de campesinos y artesanos arruinados. Así en el propio seno de la sociedad feudal fue diferenciándose la burguesía que en un principio no era sino un estamento más, que dio origen al proletariado y al nuevo modo de producción, el capitalismo.
La producción de mercancías requiere, y a su vez promueve, una alta división del trabajo entre los miembros de una sociedad y un amplio desarrollo del cambio. Pero estas condiciones si bien son básicas, no bastan para definir la producción capitalista. Es imprescindible además, la existencia de trabajadores libres; libres en todo el sentido de la palabra, es decir, que no pertenezcan a ningún propietario en particular, y que no posean medios propios de trabajo o de subsistencia sino sólo sus personas. Es por eso que el capitalismo fue precedido por un movimiento tendiente a liberar a los trabajadores de relaciones de servidumbre o vasallaje y de los gremios artesanales de la época anterior. A la vez, sufrieron un proceso de expropiación de los medios de producción y de todas las condiciones de existencia bajo otro tipo de relación que no fuera la que implica la venta de su fuerza de trabajo. Es decir, la propia fuerza de trabajo, se convirtió en una mercancía más (ver Capitalismo).
Por último, el quinto modo de producción es la producción socialista. Los medios de producción son propiedad social (propiedad de la sociedad entera) y, en ciertas condiciones, una parte de los medios de producción pueden ser, igualmente, propiedad común de cooperativas, comunidades rurales, municipios, ciudades, etc. El proceso de producción está planificado y dirigido conscientemente por la sociedad, es decir, por organismos creados con este fin, que representan al conjunto de la sociedad y que se proponen satisfacer las necesidades de todos sus miembros (véase Planificación).
Estos cinco modos de producción, si bien corresponden en general a ciertas épocas del desarrollo histórico de la humanidad, nunca aparecen totalmente puros. Cada formación social, si bien presenta un modo de producción dominante, puede presentar elementos de otros modos de producción, en particular supervivencias de modos anteriores que a su vez interactúan sobre el modo dominante condicionándolo, como sucede en todo conjunto orgánico.

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